sábado, 26 de septiembre de 2009

A la hora del entierro


Me pregunto porque no hay lágrimas
Si el dolor abunda, y la sangre no secó.
A nuestros pies trozos de almas
Entre nosotros, lo sabes, lo se, todo expiró.

Las palabras siguen golpeándonos
Los últimos sinsentidos que nos regalamos.
Es que los justificativos nos son validos,
Querido mío, cuando la hora del entierro llegó.

Es hora de que termine el juego perverso,
Donde la ponzoña se viste de beso
Y la más dulce canción se torna afilado acero
Para clavarse en quienes se atreven al amor.

Mira nuestra obra, ¡lo matamos, vida mía, lo matamos!
Míralo en el suelo, blanco y frío, como dormido
El que un día fue el más dulce amor
Es ahora ceniza, seco y gris lo que fue verdor.

Y lloro ahora, después de todo, te lloro a ti
Más que a ti, a tu recuerdo, que fue mi luz
Porque no supimos terminar a tiempo
Antes de que la dulzura se tornara amarga,
Y ahora quema mis labios tu nombre, que antes amaba.

Ya es la hora, amado mío, la hora negra,
Mira lo que quedo, sangre, fuego, tristeza,
Es este el último recuerdo, y no lo podemos cambiar
Nunca hay retorno de la hora del entierro.

1 comentario:

  1. Muy bello... la simple idea de imaginar el entierro de algo que ya no sirve, nos lastima o que ya ni siquiera sentimos nuestro, sería tan bello y tan fácil... pero en fin, qué sería de nosotros sin esos duelos inexistentes? Hace falta sufrir el desprendimiento, para crecer, aprender... Aunque la mayoría del tiempo en el que eso sucede -el crecer- lo vemos como una gran carga y hasta como un castigo, pero creo, que es totalmente proporcional al beneficio que vendrá. (genial!)
    En fin, muy bello... bienvenida al blog!! mucha suerte!

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